Los Castores y el reto de la gobernanza forestal en Colombia

En este artículo, el periodista ambiental, Jordi Albacete, informa como un grupo de taladores locales cambian su actividad por la reforestación  

En 2013, en Huila, en el sudoeste colombiano, Tiberio Bocanegra entregó voluntariamente su motosierra a las autoridades. Así abandonó, tras 22 años, la tala ilegal de árboles. No fue el único, le acompañaron 34 de sus compañeros.

Las autoridades les prometieron trabajos alternativos a la deforestación. Además, los ex serradores temían ser interceptados por la Policía o la Corporación Autónoma del Alto Magdalena (CAM) Tras la entrega, Bocanegra y sus compañeros crearon una asociación ecologista: Los Castores.

Su nombre lo decidieron después de que Bocanegra viese un documental sobre la devastación de estos roedores en los bosques. Cinco años mas tarde y tras acogerse a programas públicos de desarrollo sostenible, Los Castores demandan más inversión para subsistir de la agricultura y la apicultura.  

Gobernanza forestal en Colombia

Tras años de conflicto, Colombia apuesta por implementar los objetivos de desarrollo sostenible incluyendo a las poblaciones indígenas y afrocolombianas. El gobierno colombiano aplica la gobernanza forestal a través de programas como la Burbuja Ambiental para frenar la deforestación y pactos como el Pacto Intersectorial para la Madera Legal, para que las autoridades controlen la extracción de madera.

Junto a la Unión Europea, importadora de madera colombiana, el gobierno lleva a cabo el programa Forestería Comunitaria con el que la sociedad civil presenta proyectos locales de reforestación. En 2017, Los Castores propusieron plantar 80 hectáreas al sur de Huila con robles, cedros, laureles amarillos y palmas de cera.La propuesta fue aceptada por el Ministerio de Ambiente y la Unión Europea, pero todavía no cuenta con fondos para desarrollarse.

Con este tipo de propuestas, Los Castores intentan redimir las 9000 hectáreas de bosque  que devastaron en un corredor biológico de zona intertropical entre los Andes y el Amazonas. Este corredor incluye el Parque Nacional Natural Cueva de los Guácharos, primera área protegida en Colombia desde 1960.

Fotografía de VanVangelis

Una de las víctimas de esta tala intensiva fue el roble negro (Colombobalanus excelsa), que en Huila, llegó a diezmarse. Esta especie, única en el continente americano, puede alcanzar los 50 metros de altura y aparece en el  Libro Rojo de Plantas (2006) como Vulnerable. Además, es un gran captador de carbono, según afirma el investigador Parra Aldana. Su madera se utiliza en vallas de cercados agrícolas y en la producción de carbón vegetal.

El ejemplo de Los Castores se muestra como un caso de éxito de la gobernanza forestal colombiana. En sus tres primeros años dejaron de cortar 10 mil árboles. Sin embargo, Bocanegra todavía se encuentra con retos en su nueva forma de subsistencia; el año pasado se quedó sin miel porque los pesticidas para las plagas del café espantaron a sus abejas . A pesar de todo, tiene esperanza de seguir cultivando y de contar a sus nietos que hacer las paces con la naturaleza vale la pena.

Autor: Jordi Albacete

I am an environmental journalist. My passion for the protection of human and environmental rights has been inspired by research led journalism. My ambition is to communicate and inspire people to make positive changes in the environment. Twitter @albacetejordi or Linkedin.

Periodista medioambiental. Mi pasión por la protección de los derechos humanos y medioambientales se ha forjado a través de la investigación periodística. Mi objetivo es comunicar e inspirar a la gente para hacer cambios positivos y proteger el medioambiente. Twitter @albacetejordi o Linkedin.

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