Energías renovables en China, cuando la solución es parte del problema

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A pesar de las promesas realizadas por el gobierno Chino para liderar la transición hacia un futuro energético enfocado en las renovables, el monumental crecimiento económico de la potencia asiática dependerá de la disponibilidad de un suministro inmenso de energía barata. Los hermanos Adrian y Clarence Leong de Hong-Kong analizan algunas de las claves para entender el paradigma y las desventajas de la industria de las energías renovables en China.

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Adrian and Clarence Leong

La relación de China con las energías renovables es un ejemplo en el que coexisten dos realidades extremadamente contrapuestas. Por un lado, China es el país que más dinero invierte en energías renovables. Sin embargo, también es líder mundial en contaminación. El país invirtió una cifra récord de 89 billones de dólares en proyectos de energía renovable en 2014, con un incremento de un 31% respecto a 2013. Al mismo tiempo, el total de emisiones provenientes de vehículos de motor, plantas generadoras, fábricas y calentadores representó el 29% del total mundial, el doble que en Estados Unidos.

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Cubierta del libro de Judith Sapiro’s La guerra contra la naturaleza de Mao.

Tal y como muestran las cifras, la historia medioambiental de China es un conjunto lleno de contradicciones. En la historia del país existen ejemplos de gobernantes que han mantenido actitudes y relaciones muy diferentes con el medioambiente. El legendario Yu El Grande (大禹), por ejemplo, fue elegido por su predecesor por su capacidad para entenderse con la madre naturaleza. Cuando era ministro del emperador Shun, hace aproximadamente 4 mil años, Yu consiguió controlar con éxito el curso de las aguas del río Yangtzé y poner fin a las continuas inundaciones. Por el contrario, Mao Zedong, fundador de la República Popular de China, llegó al poder porque pudo convencer a sus compatriotas de su visión utópica del socialismo; la que más tarde atacaría constantemente (1) al patrimonio cultural de la nación y su ecología (Judith Shapiro hace un estudio en profundidad sobre este tema en su libro La guerra de Mao contra la naturaleza). De hecho, el dirigente chino ya dejó entrever sus intenciones en uno de los poemas que escribió cuando era joven: “combatir contra la tierra es un placer infinito”. (與天鬥, 其樂無窮。 )

Mao Zedong: “Combatir contra la tierra es un placer infinito” (與天鬥, 其樂無窮)

La industria de las energías renovables tampoco se escapa a este paradigma. China puede presumir de ser el mayor productor mundial de energía hidroeléctrica y el segundo en energía eólica. Además, el país quiere incrementar la producción de paneles solares para el 2017 y se encuentra muy bien posicionado para adelantar a Alemania como el mayor usuario de energía solar a finales de este año. China está construyendo también el sistema de transmisión de muy alta tensión más grande del mundo para conectar las regiones menos pobladas y ricas en energía eólica del noroeste, con las provincias superpobladas y necesitadas de energía del centro y este del país.

No obstante, los críticos apuntan a que la combinación de las energías hidráulica, eólica y solar sólo supusieron un 9% del consumo total de energía en 2013. Sin embargo, el carbón, el combustible fósil más contaminante, representó un 67%. Por otro lado, algunos ecologistas piden cautela a la hora de evaluar las ventajas de las energías renovables para el medioambiente, algo evidente en el desarrollo de la energía hidráulica en China.

Eficiencia en la distribución energética

China desperdicia 1 trillón de kilovatios por hora (kWh) de su producción anual de electricidad, según explica Zhang Boting, Secretario General Adjunto de la Sociedad de Energía Hidroeléctrica de China y citado en este reportaje de Reuters [en inglés]. Esa electricidad sería suficiente para suministrar 5 Españas o 40 Escocias. Gran parte de la hidroelectricidad desperdiciada se encuentra en las regiones suroccidentales de Sichuan y Yunnan, donde muchas presas se abandonan y quedan inactivas, o se ven obligadas a liberar agua porque los sistemas de red actuales no están construidos para absorber toda esa electricidad, y no están lo suficientemente interconectados para transportarla a lo largo de todo el país.

Parte de este problema está relacionado con disputas políticas entre el gobierno central y el provincial. Por ejemplo, en la región de Yunnan, el gobierno provincial se ha mostrado reticente a exportar su excedente hidroeléctrico basándose en un sistema de “punto-a-red”. En su lugar, prefieren hacerlo a través del sistema “red-a-red”, ya que con el primero se evitaría pagar una serie de impuestos de la que se beneficiaría el Gobierno de Yunnan. Utilizando el segundo método, la potencia se alimentaría primero en la red provincial antes de ser vendida a la regional, creando así un margen de ganancia gravable (2).

Energía hidroeléctrica, impactos

La Corporación Estatal de Redes Eléctricas ha construido líneas de larga distancia de muy alta tensión que enviaron 100 billones de kWh a lo largo de todo el país el año pasado. Sin embargo, este consumo favorece a las plantas administradas por el gobierno central, como la Presa de las Tres Gargantas, y deja de la lado la energía generada por proyectos de menos prestigio. La demanda de energía local solía hacer saltos de dos dígitos, pero ahora el aumento es considerablemente mucho más lento. Como resultado, los gobiernos provinciales han intentado desarrollar industrias muy potentes en un intento de impulsar el consumo de energía local. Al final esta ambición se ha convertido en un círculo vicioso de degradación ambiental basado en intereses de poder. La energía hidroeléctrica desperdiciada se compensa con la combustión de 100 millones de toneladas de carbón cada año.

No sólo eso, la gran intrusión que existe en la construcción de presas hidroeléctricas también está al servicio del imperativo económico dictado por los funcionarios locales. Las presas hidroeléctricas son proyectos muy lucrativos. Como dice una expresión popular común en la industria de la ingeniería china: “los edificios están hechos de hierba, los caminos de plata, los puentes de oro y las presas de diamantes.” En consecuencia, todos los principales ríos de China han sido, o se están transformando, en “grandes escaleras” compuestas de embalses y cascadas para generar hidroelectricidad. Desde 2013, hay unas 130 presas repartidas en el suroeste de China. En el Yangtze, donde se construyó la infame Presa de las Tres Gargantas y sus afluentes, existen ya 100 presas que se encuentran en distintas etapas de construcción o planificación. A esta zona se le conoce con el nombre de “complejo hidroindustrial”.

“Los edificios están hechos de hierba, los caminos de plata, los puentes de oro y las presas de diamantes.” 

Sería prácticamente imposible hablar de la situación de las presas hidráulicas en China sin mencionar la Presa de las Tres Gargantas, ya que su modelo se ha replicado para la construcción de otras mega-presas fuera y dentro del país. Esta presa, que se puso en marcha en 2008, no sólo ha roto el récord por ser el proyecto hidroeléctrico más grande del mundo. También porque es la construcción de este tipo que más personas ha desplazado (más de 1,2 millones) y más ciudades ha inundado (13 ciudades, 140 pueblos y 1.350 aldeas). Causó la sumersión (imagínese Atlantis, sólo que mucho más contaminado) de cientos de fábricas, minas y vertederos, creando un embalse de aguas residuales, sedimentos, basura y contaminantes industriales.

[cml_media_alt id='3509']Photo by GDS InfographicsCC[/cml_media_alt]
Photo by GDS InfographicsCC

¿Qué coste estamos dispuestos a pagar a cambio de generar electricidad con bajas emisiones de carbono? La devastación medioambiental y la violación de los derechos humanos implicadas en ello sugieren que los intereses personales de aquellos que planean y llevan a cabo estas obras faraónicas, pisotean la naturaleza y se sobreponen al interés común de producir energía limpia.

Los constructores y financiadores de presas hidráulicas más grandes del mundo son empresas y bancos chinos. En la actualidad, estas entidades gestionan la construcción de 330 presas en 74 países, especialmente en África y el sudeste asiático, según las cifras más recientes de Ríos Internacionales. Se dice, sobre este y otros tipos de empresas chinas, que en lugar de tratar de rectificar las prácticas corruptas existentes en los países que reciben sus inversiones, las corroboran y legitiman.

Un buen ejemplo es el de la presa Bakun en Sarawak, Malasia. Es la presa más grande en Asia fuera de China. El proyecto es una colaboración entre el gobierno de Malasia y la empresa pública china Sinohydro, con el apoyo del Banco de Importaciones e Importaciones de China. Comenzó a funcionar en 2011 y su embalse sumergió 700 kilómetros cuadrados de tierras agrícolas y bosques. También provocó el desplazamiento de más de 10.000 personas, que además perdieron sus tierras y tuvieron que renunciar a sus modos de vida y de autogestión tradicionales.

[cml_media_alt id='2968']Presa de Bakun  en Malasia.[/cml_media_alt]
Presa de Bakun en Malasia.

La mala planificación y una evaluación de impacto ambiental tramitada con prisas (3) tuvieron sus consecuencias. Sólo después de su construcción se descubrió que de los 2.400 MV de energía eléctrica producida, sólo 972 MV eran necesarios para cubrir la demanda. Tampoco se tuvo en cuenta el entorno que rodeaba a la presa. Así, la vegetación salvaje y los residuos químicos provenientes de las plantaciones de aceite de palma cercanas, hicieron que el embalse de Bakun se volviera altamente ácido. Como resultado, cuatro turbinas de la central se han corroído gravemente y el potente metano emitido por el depósito se puede oler desde varios kilómetros de distancia.

Existen otras formas de energías renovables en China que se han visto aquejadas por problemas estructurales similares. A principios de junio, el gobierno chino publicó un conjunto de directrices para prohibir la construcción de parques eólicos en regiones donde los residuos superaran el 20%. La capacidad eólica instalada en red de China era de 76 GW a finales de 2013, sin embargo, la capacidad de energía eólica total se situaba en 91 GW, lo que representa un déficit de transmisión.

En cuanto a la energía solar, la huella ambiental de los paneles solares fabricados en China es dos veces mayor que la Europea, según un estudio publicado en 2014. Sin embargo, la permisividad de la normativa que regula cómo las empresas deben deshacerse de los productos tóxicos generados en la producción de polisilicio, el cual contiene un líquido llamado “tetracloruro del silicio” por ejemplo, explica la competitividad de los precios de los paneles solares fabricado en China.

¿Dónde nos deja entonces este análisis sobre un país que muchos entienden, puede hacer o deshacer cualquier esfuerzo global en la lucha contra el cambio climático?

El año pasado fuimos testigos de cómo China establecía planes para reducir sus emisiones de carbono. En un “anuncio histórico” junto con Estados Unidos en noviembre 2014, China se comprometió a alcanzar su máximo de emisiones de CO2 en 2030 y a duplicar la cuota de energía sin emisiones de carbono del 11% al 20%. El mes pasado, cuando el primer ministro Li Keqiang se reunió con el presidente francés François Hollande, Keqiang estableció un nuevo objetivo para reducir la intensidad de carbono a niveles de 2005 para alcanzar del 60 al 65% en 2030.

No obstante, juzgar el progreso de las actuaciones para ayudar a frenar el cambio climático teniendo solo en cuenta la reducción de emisiones de carbono, es como fijarse en los árboles y no ver el bosque en su conjunto. Como ha demostrado el caso de la industria de las energía renovables de China, la reducción de emisiones de carbono pueden lograrse a un coste muy grande y a menudo con daños irreversibles para el medio ambiente. Sucede además que muchos proyectos de energía renovable como las centrales hidroeléctricas se llevan a cabo porque son lucrativos. En el mejor de los casos, considerar como pueden afectar al medioambiente o la evaluación de su eficiencia son preocupaciones secundarias.

Si el resultado de los pequeños pasos que China está dando para emitir menos gases de efecto invernadero se traducen en daños ambientales, contaminación, desplazamientos de personas e ineficacia, la historia de su lucha contra el cambio climático será una pérdida de tiempo. Incluso algo peor si se tiene en cuenta que en última instancia  (4) son los habitantes de la tierra y la naturaleza los que pagan el precio más caro.


Uso del castellano para personas anglófonas

 

(1) Atacar constantemente. 

  • Ejemplo: “Más adelante pondría en ataque constante el patrimonio cultural de la nación y su ecología” (“[…] would later on blitze the nation’s cultural heritage and ecology“).
  • Traducción: blitz.

 

(2) Margen de ganancia gravable.

  • Definición: parte del beneficio a la que se aplican impuestos.
  • Ejemplo: “Creando un margen de beneficio gravable.” (“Thereby creating a profit margin which is taxable”.).

 

(3) Tramitar con prisas.

  • Definición: hacer gestiones o resolver un caso de manera rápida.
  • Ejemplo: “Poor planning and rushed environmental impact assessment have consequences.” (“La mala planificación y una evaluación medioambiental tramitada rápidamente tiene consecuencias.
  • Traducción: rush.

 

(4) En última instancia.  

  • Definición: en conclusión, en definitiva, en el último de los casos.
  • Ejemplo: “Incluso algo peor si se tiene en cuenta que en última instancia  (4) son los habitantes de la tierra y la naturaleza los que pagan el precio más caro” (“And worse, because it is the inhabitants of the land and nature who ultimately pay the price“).
  • Traducción: ultimately.

Photo by GDS InfographicsCC, Photo by Jonathan Kos-ReadCC, Photo by Jonathan Kos-ReadCC, Photo by Ray DevlinCC

Autor: Adrian and Clarence Leong

I am Adrian an undergraduate studying sociology and the environment at Middlebury College, Vermont, USA. With each passing day, I'm developing a deeper understanding and cultivating more respect for each nameless person working in their own ways towards a more just world.

Soy Adrian un estudiante de licenciatura de sociología y medioambiente en Middlebury College, Vermont, USA. Cada día que pasa cultivo más empatía para aquellos que anónimamente trabajan por un día mejor.



I am Clarence. I'm born and bred in Hong Kong, that's the place I call home. I've been studying abroad in Scotland for five years now. Currently reading English and Modern History in St Andrews. Another project I'm working on is this biannual publication called Bu Er magazine. A bunch of young, aspiring people like me from China have come together to explore the interrelations between the world and China. You can find me in Linkedin or on Twitter at @hwclarence.

Soy Clarence. Nací y me crié en Hong Kong, un lugar al que puedo llamar mi hogar. He estado estudiando en Escocia desde hace cinco años. Actualmente curso estudios de filología inglesa e historia moderna en la universidad de St. Andrews. Otro proyecto en el que trabajo es en el magazine Bu Er. Una publicación donde un grupo de gente inquieta de China, como yo, nos hemos juntado para explorar las interrelaciones entre el mundo y China. Puedes encontrarme en Linkedin o en Twitter con @hwclarence.

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