El mundo antes de ayer: ¿qué podemos aprender de las sociedades tradicionales?

Hugh Black hace una reseña del libro “El mundo hasta ayer: ¿Qué podemos aprender de las sociedades tradicionales?” (2012) del autor del best seller Colapso, Jared Diamond (1937). En él compara cómo las sociedades tradicionales y modernas se relacionan con los niños y las personas mayores. 

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Hugh Black

Existen rarezas en todas partes. Tú eres raro, yo soy raro, y vivimos nuestras extrañas vidas según las normas establecidas por extrañas instituciones y prácticas. Pertenecemos a sociedades occidentales, cultas, industrializadas, ricas y democráticas. Jared Diamond utiliza el acrónimo WEIRD (Western, Educated, Industrialised, Rich y Democratic) que significa raro en inglés [en castellano sería OIRD, occidental, educado, industrializado, rico y democrático, en la traducción de esta reseña utilizamos raro/a en cursiva en sustitución del acrónimo WEIRD]. Este pegadizo acrónimo, acuñado originalmente para destacar el sesgo (1) en los estudios psicológicos, es utilizado por Jared Diamond en el comienzo de su obra más reciente, El mundo hasta ayer (2012), para definir las sociedades en las que viven la mayoría de sus lectores, tal y como él mismo hace la mayoría del tiempo.

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En el libro estas extrañas raras se comparan y contrastan con las ‘tradicionales’, y ambas se estudian y analizan a través del marco de la otra. No hay duda de que cada sociedad es única y que no existe una definición exacta de lo que es una sociedad ‘tradicional’ o una sociedad extraña. Su principal diferencia es el tamaño de la población, y las consecuencias que esto conlleva en términos de complejidad organizativa y anonimato. ‘Las sociedades tradicionales’ se pueden dividir en ‘grupos’ de una o varias familias, ‘tribus’ de varios cientos de individuos y ‘cacicazgos’ de miles. En cada uno de estos casos (pero no respectivamente), cada persona de la sociedad conoce o tiene alguna conexión identificable con can cada una de las otras que la forman; la sociedad puede tomar decisiones en conjunto de una manera viable (o en consejo, o por voto directo); y los alimentos se pueden conseguir cazando y recolectando o compartiendo la producción a pequeña escala.

Las sociedades raras son un subconjunto del ‘estado’ que comprenden al menos decenas, si no cientos de miles o millones de individuos, donde hay muy pocas posibilidades de que cualquier persona conozca a otra; la toma de decisiones necesita de líderes (elegidos o no), ejecutivos y burócratas, y los alimentos que se consumen son producidos por agricultura a gran escala o pastoreo. El catalizador para que uno de estos tipos de sociedad se desarrolle y transforme en el otro es la disponibilidad de alimentos. Las sociedades de cazadores-recolectores pueden apoyar solo a una población pequeña, mientras que las sociedades agrícolas cuentan con una mayor capacidad de expansión; cada sociedad crece tanto como sus medios le permite para adquirir alimento. También es cierto que es posible revertir este crecimiento – lo pueblos agrícolas pueden volverse grupos de cazadores-recolectores en casos de sequía u otras condiciones severas. Aunque esto puede sonar como una tesis ‘nosotros y ellos’ demasiado simplista, en las manos de Diamond las líneas de familiaridad y otredad están bien equilibrados.

La experiencia del propio Diamond con sociedades tradicionales se centra en las tierras altas de Papúa Nueva Guinea, lugar que ha visitado y estudiado durante mucho tiempo, desde mediados de los años sesenta en una gran variedad de disciplinas como la biología evolutiva, la ecología, la historia del medioambiente y, por supuesto, la antropología. Su gran conocimiento de las culturas de Nueva Guinea se evidencia a través del libro, con relatos sobre los muchos shocks emocionales y sorpresas que le produjo el pensamiento nuevo guineano, y contados a través de anécdotas muy amenas, así como con informes y opiniones de algunos nativos a los que conoció.

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El mundo hasta ayer se ha acogido con la tradicional mezcla de alabanzas (2) y críticas de las que normalmente gozan  los libros de Diamond. Los que hacen trabajo de campo (antropología en este caso, y economía y ecología en el pasado) lamentan su tendencia a la anécdota y la manera en que elige y adapta las líneas de investigación para encajarlas en su narrativa en lugar de utilizar análisis científicos más rigurosos. Aunque si él siguiera esta lógica perdería la gracia real del profesor Diamond: su manera de escribir. Es precisamente la mezcla entre la investigación científica y el conocimiento personal, junto con el análisis de opinión, lo que hace de su libro una lectura tan interesante y reveladora.

Los temas que se tratan en El mundo hasta ayer no son de ninguna manera absolutos o exhaustivos, pero muestran una interesante variedad donde se incluye desde actitudes hacia personas conocidas y desconocidas, a las guerras y los conflictos, resolución, peligro, religión, idioma y salud. Algunos de estos otros temas se trata en artículos posteriores, pero las secciones que personalmente encontré más atractivas, y en las que se centrará el resto de esta pieza, son el trato y las actitudes de las sociedades hacia sus jóvenes y ancianos.

El conjunto de fotografías más llamativo dentro del libro es aquel que muestra las diferencias en la infancia entre sociedades tradicionales y sociedades raras. Particularmente aquellas que representan objetos asociados con la niñez. Como era de esperar, el número de juguetes accesibles a los niños más pobres en sociedades raras es mucho mayor que el de los niños en sociedades tradicionales, pero lo más importante de todo esto es el origen y la función de estos juguetes. Los niños raros (o sus padres) compran juguetes fabricados y los eligen basándose principalmente por su capacidad para entretener. Una gran parte del proceso de juego en el caso de los niños tradicionales es la elaboración de sus propios juguetes: Diamond describe a los niños de Kenya haciendo coches con palos y cuerdas y a niños Nuer creando granjas con arena, ceniza y fango para guardar a su manada de ganado hecha de barro. Por supuesto que los niños raros también fabrican sus propios juguetes y equipamiento, pero no es una práctica común sino una actividad excepcional. 

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También se pueden detectar similitudes y diferencias en las funciones que cumplen los juguetes y el juego. El ejemplo de las granjas de juguete de los Nuer, así como varios ejemplos de arcos y flechas de juguete, flores arrastradas como si se tratara de mascotas, veleros de juguete y casas en miniatura pueden parecer los juguetes de nuestra propia infancia, pero muy pocos niños raros que juegan con estos objetos se asocian con todos ellos cuando son adultos.

En las sociedades tradicionales, sin embargo, a menudo hay una progresión casi sin fisuras entre los primeros juguetes y las herramientas de los adultos. Es el caso de los chicos en el pueblo indígena de los Indios Sirionó de Bolivia: a los tres meses de edad ya tienen su primer arco y flechas; desde los tres pueden apuntar a objetivos no vivos; antes de graduarse a insectos y aves; a los ocho se unen a los viajes de caza; y se convierten en cazadores de pleno derecho a las doce. Del mismo modo, las chicas Sirionó empiezan a hilar y a hacer cestas y vasijas desde los tres años. Diamond cita un estudio de los Pigmeos Mbuti de Colin Turnbull: “Para los niños, la vida es un largo juego intercalado con una saludable pizca de azotes y bofetadas… Y un día descubren que los juegos en los que han participado ya no lo son, sino que son reales porque se han hecho adultos… Sucede de forma tan gradual y sin apenas divisiones de etapas, que al principio apenas notan el cambio porque, si bien son cazadores orgullosos y célebres, su vida sigue estando llena de diversión y risas.”

Este ejemplo también sirve para ilustrar los peligros a los que permiten enfrentarse a sus hijos en algunas sociedades tradicionales. No es nada nuevo para nosotros, los raros, acusarnos a nosotros mismos de ser excesivamente protectores con nuestros hijos, o por criticar a otros padres de no cuidar a los suyos. Aunque no es existe una sola norma respecto a esto, decir que las sociedades tradicionales, especialmente las de cazadores-recolectores, se preocupan menos de sus responsabilidades como padres y otorgan a sus hijos más autonomía, parece una generalización justa; incluso en algunos casos se les trata en condiciones de igualdad con los adultos desde el nacimiento. Algunos ejemplos extremos de ésto incluye a los montañeses de Nueva Guinea, algunos de los cuales tienen cicatrices como resultado de su derecho a jugar con y cerca del fuego desde la infancia para jugar cerca y con fuego; y los niños Hazda y Pirahã, a los que se les permite coger y lamer cuchillos afilados.

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Esta, aparentemente, libertad darwiniana, se puede ver también en el tratamiento de algunas sociedades tradicionales a los; aunque nosotros tampoco debemos excluirnos de ésto. El subtítulo de Diamond resume la gran variedad de elecciones que las sociedades hacen para aquellos que no pueden mantener la suya: ¿Querer, abandonar o matar? Dudo mucho que en las sociedades raras se contemple la tercera opción, pero si entramos en el espectro que hay entre las otras dos opciones. Diamond habla en el libro sobre un conocido de Fiji que se indignó al conocer los geriátricos americanos y que gritó: “¡Tiráis a vuestros ancianos e incluso a vuestros propios padres!’. Los ancianos de Fiji continúan viviendo en sus comunidades. Con frecuencia en las casas de sus hijos, donde se les cuida hasta el punto de incluso masticar sus alimentos antes de dárselos si sus dientes ya no pueden hacer ese trabajo. Algunas sociedades van más allá y otorgan a sus mayores libertad total para aterrorizar a sus hijos adultos controlando sus propiedades y sus acciones.

El imperativo opuesto, abandonar o matar, se produce más a menudo (aunque no de manera universal) en las sociedades nómadas o en aquellas que viven en entornos impredecibles, con condiciones severas. Aunque no nos sea fácil de aceptar, el ímpetu aquí está claro. Diamond establece cinco métodos, cada uno más desagradable y sombrío, de llevarlo a cabo: negligencia en términos de alimento, peligro o higiene; abandono, ya sea en un campamento desocupado o acompañado, pero manteniendo una distancia conveniente para que no vuelvan; suicidio, ya sea de manera voluntaria o por alguna coacción; suicidio asistido, o asesinato cómplice, generalmente por estrangulaciónpuñaladas (3) o enterrando viva a la persona; asesinato violento no consentido, bien utilizando uno de los métodos anteriores o cualquier otro que te puedas imaginar. Mientras estos métodos son aceptados por aquellos que han sido criados en ambientes extremos, éstos son totalmente extraños para sociedades donde hay un excedente de alimento y de atención médica y lo más cerca que cualquiera de nosotros vaya a estar de un acto como ése es la terrible decisión que quizás tengamos para hacer si continuar o cesar el tratamiento de prolongamiento artificial de vida de un familiar de edad avanzada o en estado terminal.

Aunque la edad no supone ningún beneficio a la hora de realizar de estos servicios con respecto a los jóvenes, hay otras habilidades en las que los más mayores destacan. Estas incluyen la elaboración de herramientas, canastas y tejidos, pero también el conocimiento cultural que es necesario para proporcionar y guiar la medicina, la religión, el entretenimiento, las relaciones y la política. En una sociedad analfabeta no hay ningún almacén externo de información equivalente a libros, documentales o Wikipedia, por lo que esta función se cumple a través de los recuerdos de los ancianos. Muchos de las personas entrevistadas por Diamond, cuando les hacía una pregunta difícil, contestaban: “Vamos a preguntar al hombre/mujer mayor”. Y esto no  sólo incluye conocimientos abstractos o de rituales, también información geográfica esencial, botánica y otro tipo de información que podría literalmente significar la diferencia entre la vida y la muerte.

En el libro, Diamond cuenta una experiencia que tuvo en la isla de Rennell, en el sudoeste pacífico, donde para un informe sobre impacto medioambiental tuvo que preguntar a los isleños de mediana edad detalles de 126 especies vegetales en la isla. Los lugareños dividían estas plantas en cuatro clases: totalmente incomestible, comestibles para animales pero no para los seres humanos, comestibles para los seres humanos y ‘alimentos comidos solamente después del hungi kengi’. Cuando estaba explorando esta cuarta clase, le llevaron a ver a una mujer muy mayor, probablemente entre 75 y 85 años, quien le explicó que el hungi kengi fue el ciclón más grande que la Isla de Rennell había experimentado, que se recuerde, alrededor de 1910. Sin todas las recursos habituales de alimento disponibles, la población se enfrentaba al hambre, y recurrieron a comer cualquier cosa que fuera, de alguna manera, digerible. Este tipo de acción requería conocimiento sobre qué alimentos no deseados eran venenosos, y si cualquiera de éstos podía ser preparado de alguna manera que eliminara su veneno. Cuando hungi kengi tuvo lugar, todavía vivían los isleños que recordaban el último gran ciclón y que fueron capaces de impartir sus conocimientos de esa crisis. Cuando Diamond fue a la isla, la mujer era el único testigo vivo de hungi kengi, y solo ella tenía la suma de conocimientos necesarios para afrontar la próxima crisis.

Estos breves extractos muestran las dos maneras que podemos utilizar para observar las prácticas tradicionales. Sin duda, hay muchas cosas que podemos aprender de las sociedades tradicionales, como las diferentes actitudes hacia la infancia antes mencionadas, pero también muchas prácticas de las que podemos estar felices haber dejado atrás. Estoy muy contento de ser libre de cualquier necesidad de tener que, personalmente, despedirme de mi abuela, y tengo poco miedo de no tener a mano la información necesaria para lidiar (4) con la siguiente crisis. El mundo hasta ayer presenta muchas ideas, creencias, actitudes y costumbres de las sociedades tradicionales, cada una de las cuales pueden tomarse positiva o negativamente. En cualquier caso, siempre nos brindará con información para reflexionar.


Uso del castellano para personas anglófonas

(1) Sesgo.

  • Definición: Torcer a un lado una cosa.
  • Ejemplo: “[…] para destacar el sesgo en los estudios psicológicos […]” (“[…] to highlight bias in psychological studies […]”.
  • Traducción: discussion groups/ focus groups.
  • Comentario:En ocasiones esta expresión se utiliza para hablar de focus groups.

 

(2) Alabanzas.

  • Definición: elogio.
  • Ejemplo: “[…] ha acogido con la tradicional mezcla de alabanzas y críticas […] .” (” […] has been met with the now-traditional mixture of praise and criticism […] “).
  • Traducción: praise.

 

(3) Puñaladas

  • Definición: Golpe que se da de punta con el puñal u otra arma semejante,y herida resultante.
  • Ejemplo: “[…] generalmente por estrangulación, puñaladas o enterrando viva a la persona. ” (“Usually by strangulation, stabbing or burying alive”).
  • Traducción: stab.

 

(4) Lidiar.

  • Definición: batallar, pelear.
  • Ejemplo: “[…] información necesaria para lidiar (4) con la siguiente crisis.” (“to hand the information necessary to weather the next crisis”). 
  • Traducción: to weather.

Autor: Hugh Black

I was brought up in the Scottish Borders and Edinburgh. I am specialised in Classic Studies in Italy. I teach English at Alba School of English in Edinburgh where I work with people from different nationalities. I have a passion for interculturality. Linkedin.

Me crié en las Fronteras Escocesas y Edimburgo. Me especialicé en estudios clásicos en Italia. Enseño inglés en la academia Alba en Edimburgo donde trabajo con gente de diferentes nacionalidades. Tengo una gran pasión por la interculturalidad. Linkedin.

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