EDITORIAL: Referéndum del Brexit y democracia directa

La salida del Reino Unido de la Unión Europea ya es posible. Tras el resultado del referéndum, la incertidumbre y el arrepentimiento parecen reinar en la unión de naciones. La calidad democrática de esta consulta también se ha puesto en entredicho por excluir a los sectores más jóvenes y a inmigrantes que no provienen de países de la Commonwealth (de haber sido así, más de 3 millones de personas podrían haber votado). Estas exclusiones, entre otros motivos, han servido para movilizar una campaña reclamando un segundo referendo.

Jordi Albacete

Las  consecuencias del ‘Brexit’ son inciertas. Muchos economistas, como el antiguo ministro de economía griego Yanis Varoufakis, han alertado sobre una pérdida mayor de derechos de los trabajadores. Las tendencias del agresivo mercado global, es de redución en los costes laborales, y haría que el Reino Unido compitiera directamente con países que nunca han disfrutado de un estado garantista de derechos sociales.

Donald Trump aseguró antes del referéndum que si los británicos decidían abandonar la UE y él llegaba a la presidencia ‘no pondría al Reino Unido a la cola’ en los acuerdos de comercio internacional. “Voy a tratar a todo el mundo con buen juicio y no me va a importar si están o no en la UE. Pero está claro que ustedes no se van a quedar al final de la cola, eso se lo puedo decir por adelantado”, indicaba en una entrevista en la que ya se mostraba partidario del Brexit.

El estado de bienestar que caracterizó al Reino Unido sería parte del pasado. De hecho, ya ha sufrido un importante deterioro en los últimos años, sobre todo en Inglaterra y en Gales, donde se ha instalado el sistema de copago sanitario y en los últimos 6 años se han triplicado  las tasas universitarias.

Calidad democrática

La incertidumbre y la desinformación de esta campaña ha hecho que algunos votantes partidarios de abandonar la UE se retracten de su voto. Es el fenómeno que ya se conoce como “Bregret”: el arrepentimiento por la ruptura con Europa.

En 2015, Nigel Farage abogaba por la necesidad de privatizar el servicio sanitario británico en los próximos 10 años. Además, pocas horas después de conocerse el resultado, Farage tuvo que reconocer que no podía cumplir con su promesa de desviar 350 millones de libras (430 millones de euros) semanales a la seguridad social tras la salida de la UE. El propio líder del Partido de la Independencia del Reino Unido, que recorrió el país con esta cifra en su eslogan ya ha admitido que la cifra de 350 millones de libras semanales es incorrecta.

La exclusión de  grupos de población básicos para decidir el futuro del Reino Unido pone en tela de juicio la calidad democrática de esta consulta. Jóvenes de 16 y 17 años no pudieron votar por su porvenir, pero si lo pudieron hacer ancianos que disfrutan de sus pensionesLos residentes comunitarios (alrededor de 3 millones de personas) que cotizan al erario británico también reclaman su derecho a voto. La campaña por la inclusión del voto de los inmigrantes se inició en meses previos al referéndum. Esa campaña sólo obtuvo 39.000 firmas y no consiguió la adhesión de ningún partido político. Sin embargo, en la campaña actual que reclama un segundo referendo ya se han conseguido más de 3 millones de firmas en dos días.

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Unión Europea

Las alianzas políticas y económicas muchas veces están alejadas de lo que deberían ser las alianzas de los pueblos. La evolución de la UE en los últimos años puede ser hasta cierto punto un buen ejemplo de ello. Hay motivos para indignarse por la hipocresía con la que se está gestionando la crisis de los refugiados y con el bloqueo de fronteras. Recientemente hablaba con un amigo fotógrafo que denunciaba los desalojos de estos campamentos donde se vulneran derechos humanos básicos en personas de todas las edades.

Por otro lado, el trato económico que los países del sur de Europa han recibido de Alemania ha sido denigrante.  Alemania fue, por ejemplo, el primer país que compró deuda exterior en España en la época más irresponsable del crecimiento económico español, lo que se conoció como la burbuja del ladrillo.

¿Cuál es la lectura que se puede hacer de este referéndum? En primer lugar,  la naturaleza democrática de esta consulta debería ser tomada con mucho escepticismo ya que millones de residentes en el Reino Unido fueron excluidos de la misma.

En segundo lugar, se ha desatendido a la clase trabajadora. De nuevo, ha sido la población con ingresos más bajos, frustrada ante las políticas de austeridad de su propio gobierno, la que ha sido embaucada hacia una ensoñación de una gran Inglaterra de reminiscencias colonialistas, muy alejada del nuevo orden mundial del siglo XXI. Esto no es nada nuevo, y es un fenómeno que podemos observar en otros países en Europa.

En tercer lugar, estoy de acuerdo con aquellos que afirman que se ha dividido al país. Las herramientas que ha utilizado el populismo de los partidarios del ‘Leave’ ha sido deplorable. Su argumentario ha desatado una violencia contra los inmigrantes y contra aquellos que expresan su solidaridad con este colectivo, nada cotidiana en el Reino Unido. En el contexto de esa tensión se podría explicar el asesinato de la diputada laborista Jo Cox, asesinada por un radical que gritó: “¡Gran Bretaña, primero!”, después de que Nigel Farage utilizara de una manera espeluznante un póster con refugiados políticos intentando traspasar una frontera.

En Inglaterra y Gales, dos días después de los resultados, ya se han perpetrado ataques a establecimientos polacos. Además, la islamofobia se está extendiendo por todo el país. Aunque estos hechos no son nada representativos del conjunto de la mayoría de ciudadanos británicos son, sin lugar a dudas, muy preocupantes.

Desde hace 4 años vivo en Escocia, un país que me ha recibido con los brazos abiertos y que me ha dado muchas oportunidades y grandes amigos. Este es el país donde aprendí cómo se puede ser valiente en políticas medioambientales sostenibles, aprovechando iniciativas legislativas europeas. Un país con una gran parte de su población cansada de que no se le escuche por su peso demográfico en el conjunto de la Unión.

Desde esta nación del Reino Unido es muy difícil percibir una parte de la cultura política de Inglaterra: el establishment tory y el segregacionismo cultural. Hay una mayoría de población en Inglaterra y Gales que no está de acuerdo con el nuevo paradigma que se le está presentando y soy solidario con ella. Sin embargo, en Escocia, parece ser que el único mecanismo posible para que se escuche la opinión clamante de su pueblo, en éste y otros asuntos, es retomar su soberanía. Quizás haya llegado el momento de volver a preguntar a los escoceses como quieren verse a ellos mismos en la comunidad internacional.

Autor: Jordi Albacete

I am an environmental journalist. My passion for the protection of human and environmental rights has been inspired by research led journalism. My ambition is to communicate and inspire people to make positive changes in the environment. Twitter @albacetejordi or Linkedin.

Periodista medioambiental. Mi pasión por la protección de los derechos humanos y medioambientales se ha forjado a través de la investigación periodística. Mi objetivo es comunicar e inspirar a la gente para hacer cambios positivos y proteger el medioambiente. Twitter @albacetejordi o Linkedin.

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