Carta de una inmigrante colombiana en Escocia

Conocímos a Zulma en un evento bilingüe organizado por la organización escocesa People Know How cuyo fin era apoyar la integración de la población castellanohablante. En ese encuentro, esta colombiana residente en Edimburgo compartió con los asistentes sus experiencias como inmigrante en la capital de Escocia. Esta carta recoge su testimonio de integración en una cultura e idioma nuevos, lejos de su Colombia natal.

Zulma del Rocío

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Zulma paseando por las calles de Edimburgo

Soy Zulma del Rocío y esta es la primera vez que vivo fuera de mi país de origen. Tengo 32 años, soy psicóloga, colombiana y he vivido en Edimburgo desde hace casi dos años.

Abordé el avión para pasar el charco, como decimos en Colombia, por razones que a casi cualquiera en mi país le parecen obvias: aprender inglés, vivir en una cultura diferente (nada más y nada menos que en ¡el primer mundo! ¡y en el Reino Unido!), la posibilidad de nuevos aprendizajes laborales y de realizar al menos, algún estudio de corta duración, establecer nuevas relaciones sociales, tener mayor facilidad para viajar por Europa o más allá y, en general, por la oportunidad de desarrollo personal.

Relaté mi experiencia de adaptación y mis problemas con la barrera del lenguaje en un evento para mejorar la integración  de la comunidad castellanohablante en Edimburgo que tuvo lugar en la capital de Escocia.

Fui invitada por una docente del programa ESOL del Ayuntamiento de Edimburgo.  Allí coincidí con los directores de este periódico digital a quienes les pareció interesante que compartiera mi relato con los lectores de Cosmopolita Scotland.

Era un sueño de confusión, asombro, caos, dolor de cabeza. Lo que veía era interesante, bello, se suponía que debía estar sobre todo feliz, pero era inquietante sentirme constantemente desubicada.

En este texto hablo de mi vivencia en términos personales con la intención de empatizar con aquellos que atraviesan un proceso similar y se sienten extranjeros.

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Evento de integración con la comunidad española en Edimburgo organizado por People Know How

Al principio, mi cerebro, con un nivel de inglés postbegginer (principiante), se sentía en un pesado sueño donde aparecían muchas voces hablando en diferentes idiomas y no podía entender bien ninguno. En la calle me cruzaba con gente de diferentes orígenes y me sentía una extraña. Veía grandes construcciones góticas y edificios grises o beige por todas partes, buses de doble cabina; no ubicaba el lado izquierdo y el derecho de la calle. Era un sueño de confusión, asombro, caos, dolor de cabeza; lo que veía era interesante, bello, se suponía que debía estar sobre todo feliz, pero era inquietante sentirme constantemente desubicada. Lo primero que experimenté fue una confrontación de esas nociones abstractas que te has construido, sobre lo que es vivir fuera de tu país, en una ciudad como Edimburgo. Poco a poco las ideas románticas previas sobre cómo se sentirían la ciudad, la gente y la vida se fueron mezclando y diluyendo en contraste con la realidad en situaciones concretas y anécdotas narradas por otros extranjeros  que fui conociendo.

Con frecuencia, en los primeros meses, me surgieron miedos de diferentes tipos: miedo a saberme diferente, a sentirme ignorante, a no saber ni ubicarme en la ciudad, miedo a lo nuevo, al ridículo de no poder hablar apropiadamente, miedo a no poder comportarme desprevenidamente, a hacer algo inadecuado o unpolite. En todo caso, y por fortuna, he ido aprendiendo que lo mejor que se puede hacer ser arriesgado.

Otra sensación recurrente durante los primeros meses fue la sensación de desarraigo, el sentimiento de soledad, la ausencia de lo propio. Se extraña el hogar, los amigos, la familia, la comida, la tierra, el aire… Por eso, para mi, mantener el contacto con la red social anterior ha sido muy importante. Ha sido imprescindible no desvincularme y sentir la compañía y el apoyo de mi familia y de mis amigos en la distancia. Aunque al mismo tiempo, es necesario crear una  burbuja propia en el nuevo lugar.

El idioma como barrera de comunicación

Lo primero que tuve que hacer para comenzar a organizar mi vida en esta ciudad fue obviamente, aprender a comunicarme. No sólo tuve que empezar por aprender lo básico del idioma, sino también intentar acostumbrarme al acento escocés y a otros acentos (algo un poco más complejo que simplemente aprender inglés). Esto significó pasar la primera barrera del miedo. Es decir dejar de pedir a otros que hablen por ti y atreverse a iniciar interacciones básicas y cotidianas para finalmente, tener conversaciones en inglés con otros extranjeros y con escoceses.

Empecé utilizando algunas frases de memoria y vocabulario limitado “Hi, a day ticket please!”,I’d like to have a latte”, “Sorry, can you repeat please?” Pero, como es bien sabido, el lenguaje no es solo verbal, y enseguida entendí que también es necesario agudizar la capacidad de observación para entender situaciones del día a día que se repiten en lugares como  el autobús, tiendas o una cafetería. Lugares donde, aunque no entiendes toda la conversación, por el contexto, puedes saber cuál es la interacción y casi adivinar qué es lo que te están diciendo. También es necesario interactuar con máquinas, como la de la biblioteca para sacar libros o el autoservicio del supermercado.  

Ese sentimiento de recelo, lastimosamente muy frecuente cuando suceden fenómenos de inmigración, es producto de la extrañeza y falta de entendimiento entre culturas.

Para establecer una red en la ciudad, fue interesante para mí seguir grupos en Facebook como Edinjob para ver avisos de trabajo y Españoles en Edimburgo, un grupo que en principio, y por su nombre, pensé que era exclusivo para Españoles. Me uní pensando que era un poco atrevida al no ser española sino latina. Sin embargo, aunque no me sentí totalmente identificada, fue de mucha ayuda leer a personas que también están adaptándose a la ciudad, ¡y en mi propia lengua!. Una de las primeras conexiones que establecí en la ciudad fue la asistencia a la biblioteca donde la afiliación es gratuita y se consigue muy buen material para estudiar inglés. ¡Pasé horas escuchando audiolibros! Otra conexión fue el programa de educación para adultos del city council (ayuntamiento de la ciudad), en el que es posible tomar cursos trimestrales económicos sobre diversos temas prácticos. Tomé un curso de inglés, y aún con un inglés básico-intermedio, otro de dibujo. Esto me permitió también interactuar con otros aprendices del idioma y con personas locales. Además, todos los profesores de inglés suelen ser muy amables.

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La ciudad de Edimburgo a través de la lente de Zulma – Edificio New College, Universidad de Edimburgo

Por otro lado, debido  a que soy esposa de un estudiante de la Universidad de Edimburgo, me vinculé a The Women’s Club, un espacio semanal donde las mujeres se reúnen a charlar en inglés con unas señoras muy gentiles, docentes retiradas que son voluntarias. Allí conocí mujeres de diferentes países, algunas con hijos, intentando adaptarse a la ciudad. Este mismo grupo fue una fuente de información importante para conectar con The Welcoming, una entidad sin ánimo de lucro que ofrece clases de inglés para diferentes niveles sin mayor formalidad y de excelente nivel, por un aporte voluntario de una libra. Allí también se vive un espíritu de comunidad y tal como se llama la entidad, te sientes bienvenido.

Estas conexiones han ido fortaleciendo mi manejo del inglés, han contribuido a que me sienta más segura al moverme por la ciudad, a generar más vínculos y amistades, a ir perdiendo la sensación de extrañeza, a generar una nueva rutina y a desarrollar un plan para mi vida en Edimburgo. Sigo tomado clases de inglés, formales e informales, participo en actividades culturales y recreativas de la ciudad, asisto a grupos de conversación, he hecho algunos amigos extranjeros,  he trabajado como mesera en un café y en jardines infantiles por horas. De esta manera he podido acostumbrar mi oído al acento escocés. Ahora trabajo como niñera y me planteo la posibilidad de alargar mi estadía en el país. En ese caso tendría que asumir nuevos retos para adaptarme a una vida que pasa de ser de corta estadía a estadía por tiempo indefinido.  

Ahora mismo puedo decir que empiezo a establecerme. Entiendo mejor las dinámicas de la ciudad, disfruto y me sobrepongo a los cambios del clima, pues debo enfatizar que en mi país no tenemos estaciones. Aprovecho los recursos disponibles en Edimburgo, como la facilidad de hacer caminatas por senderos naturales sin salir de la ciudad, las oportunidades de aprendizaje y la flexibilidad para organizar mi horario disponiendo de tiempo para divertirme y acceder a actividades culturales.

Sin embargo, tengo que decir que no toda la ciudad ha sido abierta y amigable conmigo, pues he tenido algunas dificultades para establecer una comunicación significativa y amistad con escoceses. Recientemente le comenté esto a un hombre escocés y me contestó medio en serio, medio en broma, que los propios escoceses también tienen dificultades para hacer amigos escoceses. En la charla coincidimos en que el clima, que tiende a ser frío, hace a la gente un poco más reservada e introvertida.  Pero ciertamente me ha resultado confuso no recibir siempre una sonrisa en respuesta a las mías o a comentarios humorísticos que utilizo para romper el hielo. Esto es lo esperado en mi país, pero aquí ocurre al contrario, y recibes un gesto serio y cortante. Fue muy chocante ser víctima de la xenofobia en mi trabajo cuando un asiduo cliente escocés le manifestó con irritación a mi jefa, también latina, que no debería contratar a extranjeros. Esto inicialmente hizo que quisiera aislarme. Pero por fortuna, el contacto con otras personas locales muy abiertas me ha dejado ver que el aislamiento no es necesario. En especial, el evento al que asistí, el que mencioné al principio, me hizo ver que existen iniciativas y personas interesadas en facilitar la adaptación e integración de otras. Y por lo que he escuchado, me siento afortunada de estar aquí, pues en comparación con otros lugares del país, o en otros países con clima similar, los escoceses se consideran mas abiertos.

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Imagen del documental “Habitantes de Babel” del director colombiano Alejandro Ángel [Licencia Creative Commons 3.0 NC-BY]

Ese sentimiento de recelo, lastimosamente muy frecuente cuando suceden fenómenos de inmigración, es producto de la extrañeza y falta de entendimiento entre culturas. También, y en contraste, he percibo que en la cotidianidad de las calles de la capital escocesa las personas se muestran amables y prestan ayuda si uno está perdido o requiere alguna información. Su comportamiento es por norma, educado. Sobre todo el de las personas mayores, que contrasta con la usual distancia y reconforta. Tiendo a creer que si me involucro en otros círculos donde las personas locales puedan conocerme un poco más, y yo pueda entender su forma de mostrarse cercanos, y mostrarles la persona que soy. Quitándome el rotulo de extranjera, es posible que se genere alguna relación más significativa. Aunque obviamente nunca será igual que cuando hablo con alguien de mi país, o alguien que habla mi mismo idioma. En esos casos se produce una conexión grata casi instantanea, al menos así me ha sucedido a mí.  

Para otras personas viviendo la aventura de ser foráneos, la experiencia puede ser muy diferente a la mía; dependerá de sus formas de acercarse a lo desconocido, su tenacidad afrontando los cambios, su estilo al relacionarse, sus previas conexiones con el nuevo lugar, etc. En todo caso, los desafíos serán similares y relatar la experiencia una buena forma de reconocerse uno mismo; y si quienes escuchan son extranjeros como tú, puedes incluso sentir que forman parte de una misma tierra.

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Imagen de cabecera: Colombianos afincados en el Reino Unido celebrando el día de la independencia de su país. Autoría Stevvvv4444 [CC BY 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], vía Wikimedia Commons

El documental Habitantes de Babel sobre la diáspora colombiana a través de tres emigrantes colombianos en Barcelona.

Autor: Noelia Martinez

Periodista con especialidad en estudios africanos y gran experiencia en interculturalidad (Escocia, Filipinas, estudios africanos, España). Emprendedora autónoma, fundadora de Not Just Words, empresa proveedora de servicios de traducción (ING>ESP), comunicación y redacción de contenido. Twitter @peli_1982 o Linkedin.

Specialised journalist in African Studies with great experience in intercultural issues (Scotland, Philippines, African Studies, Spain). Self-employed entrepreneur trading as Not Just Words providing translation (EN>SP) communication and content writing services. Twitter @peli_1982 or Linkedin.

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